Recordar a Padrón

Recordar a Padrón


Revista Cubacine. Mié, 12/08/2020 – Orsanhec Plaza Lara

Padrón y Aramís

Juan era un hombre muy querido por todos. Su simpatía y el chiste oportuno lo identificaban. Aramís Acosta

Aramís Acosta Caulineau, productor, asesor en Animados ICAIC y amigo de Juan Padrón, conversó con Cubacine a propósito de las celebraciones por los 50 años de la creación de Elpidio Valdés. Sobre el mambí y su creador, el inolvidable Padrón, dialogó Acosta entre recuerdos y anécdotas.

¿Cuándo conociste a Juan Padrón?

Lo primero que me unió a Juan Padrón fueron sus historietas y sus películas animadas. Compraba las revistas Pionero y Zunzún para disfrutar de las historietas, especialmente las de Elpidio Valdés que eran mis preferidas.

Mi infancia toda fue en la casa materna, en el pueblo de Sitiecito (provincia de Villa Clara), donde había un central azucarero, trenes, ríos, ruinas de fuertes españoles, un barracón de negros esclavos, bosques, campesinos y gente buena. Cada vez que leía una nueva aventura de Elpidio Valdés me imaginaba que todo ocurría en mi pueblo natal y que la tropa de mambises eran mis amigos de infancia. Mis libretas de primaria las llenaba con mis dibujos sobre paisajes campesinos con algo de plagio de la obra de Juan.

En 1970 nos trasladamos a vivir a la ciudad de Sagua la Grande, donde había dos cines (El Alkázar y el Sagua). Iba al cine casi todos los días. Era la época en que ponían un dibujo animado, el Noticiero ICAIC Latinoamericano, un documental y la película.  

El nombre de Juan Padrón y su estilo caligráfico para la firma los conocía a la legua. Sus películas animadas las repetía mil veces, sin cansancio.  

En 1978 vine a estudiar a la Universidad de La Habana, pero como la situación económica de mi familia en esa época no era nada buena, decido buscar trabajo y terminar la carrera en horario nocturno, curso de trabajadores. Es así como, en agosto de 1980, comienzo a trabajar como dibujante de línea y relleno en los Estudios de Animación del ICAIC. Desde ese año conozco a Juan, su familia y toda su obra cinematográfica.

¿Cuáles fueron tus primeras impresiones al conocerlo o trabajar con él?

Juan era un hombre muy querido por todos. Su simpatía y el chiste oportuno lo identificaban.

Cuando entraba al estudio siempre lo hacía con una sonrisa y con un respeto por el trabajo de los demás que me llamaba mucho la atención. En esa época, yo fui el último en llegar a los Estudios y él me trataba como si yo fuera un experto en la materia.

Nunca le escuché una falta de respeto a nadie, pero sí sentí que era muy firme en sus criterios artísticos. A pesar de que escuchaba todas las variantes y criterios, era tal el conocimiento que tenía de sus historias, que resultaba casi imposible encaminarlo por otros rumbos. La seguridad de su discurso formó parte del éxito de su gran obra.

Yo creo que la modestia es el rasgo que más lo identificó. Siendo uno de los más grandes artistas del cómic y el cine animado en Cuba, jamás se le vio “pavonearse” por ello. De hecho, huía de la entrevista, de las cámaras, de periodistas y de los escenarios. Siempre dijo que temblaba cuando lo ponían frente a las cámaras y que las palabras se le “pegaban” al pecho y lo dejaban sin aire.

Su vasta cultura y su amor por Cuba me llamaron poderosamente la atención.

¿Qué anécdotas recuerdas?

Tengo varias anécdotas, pero solo me voy a referir al día en que yo considero que se inició una grande y sincera amistad, hasta su muerte.

Desde niño he sido un lector de todos los días. No hay un libro que me pase por delante que no lo agarre y lo lea, sea cual fuere el tema. Leo de todo, aunque por supuesto tengo mis preferencias temáticas.

Evidentemente, Padrón descubrió que yo era un joven ávido de lectura, y un día, sin esperarlo, aquel prestigioso artista que tanto respeto me inspiraba se acercó a mi mesa de trabajo y me puso delante los tomos de Yo Claudio y Claudio el Dios, de Robert Grave. Eran de la edición Huracán, se habían agotado rápidamente y yo no había alcanzado comprar.

La emoción fue por partida doble. Un artista de su altura me prestaba sus propios libros para que disfrutara de la época de los emperadores romanos.

A partir de ese momento la pasión por la lectura nos fue acercando. Intercambiábamos libros, aunque el mayor beneficiado fui yo, ante la vasta biblioteca que Juan tenía.

¿Cómo te familiarizaste con Elpidio?

Cuando comienzo a trabajar en los Estudios en agosto de 1980, ya Padrón llevaba en el ICAIC ocho años de trabajo. Era una máquina de producir ideas, guiones, personajes variados, chistes. Nunca vi cosa igual.

Para 1980 ya Juan había realizado cinco notas animadas para la televisión con el personaje de Elpidio Valdés. En ellas, el popular mambí alentaba a los niños a levantarse temprano, mantener los hábitos de higiene, respetar los símbolos patrios… Era la primera vez que los niños cubanos descubrían cómo hablaba su personaje favorito. ¡Y les encantó!

Asimismo, había concluido cuatro notas de pocos minutos solicitadas por el documentalista Santiago Álvarez para ilustrar, de manera simpática, algunas de sus noticias en el Noticiero ICAIC Latinoamericano.

También había dirigido 12 cortometrajes, especialmente de corte didáctico (La silla, Velocipedia, Aerodinámica, Las manos, etc.), y por si fuera poco, había terminado 11 cortometrajes con el personaje de Elpidio Valdés y el primer largometraje animado realizado en Cuba, con el propio coronel mambí.

¡Imagínate ese nivel de realización a punta de lápiz, pincel y pintura! Teníamos diversión y trabajo para el año entero.

Era contagiosa su producción, sus inagotables chistes, su variedad estética, el provecho de conocer aspectos de la historia de Cuba que muchos ni sabíamos que habían sucedido. Trabajábamos con Juan con un disfrute enorme.  De verdad que él era una simpática e instructiva escuela de formación artística.

¿Qué te pareció la creación de Elpidio, desde que saliera su primera historieta y luego las series y largometrajes?

El 14 de agosto de 1970 es una fecha de gran importancia en la historia de la obra de Padroncito. Es el día en que aparece por primera vez el mambí vinculado al mundo de Kashivashi en Elpidio Valdés contra los Ninjas. Juan Padrón tenía 23 años de edad. En este 2020 estamos celebrando los 50 años del popular personaje, creado con todos los elementos posibles de comicidad y criollismo.

El nombre de Elpidio nos remonta a las zonas rurales de Cuba y su apellido, a la novela Cecilia Valdés. Cubanidad por todos los ángulos.   

Juan Padrón logró recrear un mundo apropiado alrededor de Elpidio, gracias a la costumbre que siempre tuvo de visitar museos, buscar datos, fotos antiguas sobre la ropa, los fusiles, los grados militares, las frases, las comidas, etc., para ser históricamente preciso.

El mambí Elpidio nace mulato, con pelo ondulado y de baja estatura. Padrón rompe con el código de relacionar al héroe con la piel blanca, los ojos verdes, alto y fornido y montado en un caballo totalmente blanco y melenudo. Sus rasgos reflejan más juventud que los personajes negativos que generalmente son gruesos, calvos y bigotudos. Esto hace que los más pequeños de casa se identifiquen de manera inmediata con Elpidio. Psicológicamente es un personaje valiente, pícaro, inteligente, entregado sin límites a la causa independentista y por encima de todo, cubanísimo.

Hay que tener en cuenta que en el dibujo animado cubano existía una carencia de un personaje con suficiente fuerza, capaz de lograr la plena identificación con el público. Era necesario crear un héroe o ídolo que constituyera el eje central de los juegos infantiles.

La aceptación de la figura del mambí alcanzó en muy poco tiempo una dimensión popular nunca antes vista, se convirtió en un símbolo de hidalguía patriótica de los cubanos en su lucha independentista.

En Elpidio se concentra la valentía y la honestidad, la justicia y el humor criollo. Con un atractivo diseño, el personaje se ha situado entre los más longevos de la historieta cubana con decenas de publicaciones en libros y revistas.

¡En estos mismos momentos sigue siendo el animado cubano que más gusta a nuestros niños!

En tus diálogos con Juan quizás te comentó sobre algo que le hubiera gustado realizar o crear, o algo que le faltaba por concluir, sin saber que la muerte le sorprendería. ¿Me comentas?

Hay dos cosas que Juan quería hacer y a las que estaba dedicando parte de su tiempo.

La primera (que ha quedado inconclusa) es su biografía en historieta. ¿Se imaginan la vida de Juan Padrón dibujada por él, como si fuera un cómic de Elpidio Valdés? ¡Eso hubiese sido de un disfrute enorme!

Por otra parte, tenía el sueño de trabajar junto a su hijo Ian, en adaptar al cine de ficción ¡Vampiros en La Habana! y alguna historia con Elpidio Valdés.

Hace unos pocos días pusieron en la televisión cubana la película de ficción Pinocho (con actores reales) y pensé todo el tiempo que duró el filme en Juan Padrón y en su sueño no alcanzado. Llevar al cine de ficción sus vampiros o aventuras con la tropa de Elpidio fue algo que no pudo lograr. Pero bueno, ahí tenemos a su talentoso hijo Ian… 

¿Qué significó para ti haber conocido a Juan Padrón?

Desde el primer encuentro personal fui capaz de darme cuenta de que tenía delante a un hombre cuya obra y pensamiento lo habían situado entre los grandes de la cultura cubana. Eso crea cierto distanciamiento por lo inalcanzable.

Enseguida que lo tratabas, te inspiraba a tomar un café con él y escucharle un chiste o una explicación sobre cualquier tema de la cultura universal, sobre algo cotidiano, sobre su familia o algún acontecimiento nacional. Te dabas cuenta de que también su grandeza radicaba en su sencillez, en las posibilidades que siempre creó para propiciar el acercamiento sincero.

La vida me dio la alegría de trabajar con Juan, e incluso de vivir cerca de su casa y su familia, lo que facilitó que lo visitara de vez en cuando.

En el plano profesional, me enseñó mucho sobre cine, sobre escritura de guion y caracterización de personajes. Aprendí con Juan a entender la importancia de trabajar para los niños y a querer mucho más a mi país.

Juan es un amigo muy querido que siempre camina a mi lado.

¿Qué recomendarías a tus alumnos sobre su obra y legado?

Todos mis alumnos son estudiantes de la FAMCA, por lo que están vinculados a la creación artística en el audiovisual. Para desarrollar su obra cinematográfica, Padrón estudió a fondo el cine de otros, la puesta en escena de los clásicos, la historia de Cuba y la universal, la caracterización de personajes de grandes del cómic como Quino. Visitó centros culturales, indagó en archivos de textos y fotográficos, intercambió con especialistas de diferentes temas que fue guardando en “su disco duro”, para cuando los necesitara.

Padrón era un hombre de una vasta cultura. Eso le abrió muchas puertas y le facilitó hacer su gran obra. Nunca trabajo solo. Daba una importancia enorme al trabajo en equipo, respetaba mucho todas las especialidades que intervenían en la realización de sus películas, porque para él todos aportaban al resultado final.

Con las nuevas tecnologías siento que este principio “padroniano” en ocasiones se pierde. Hay quienes se consideran capacitados para diseñar, dirigir, editar y musicalizar su propia obra, y es un error que se repite día a día.

Eso es lo que constantemente aconsejo a mis alumnos. Estudiar, estudiar y estudiar. Subir el nivel cultural. No conformarse. Indagar, colegiar, intercambiar con expertos. Conocer sobre la historia del cine y los grandes realizadores.

Esto y más fueron las herramientas usadas por Juan Padrón, quien hoy ocupa uno de los grandes peldaños de la cultura cubana.

Si tuvieras que rendir homenaje a Juan y su obra, ¿cómo lo harías?

¡Lo más divertido posible!

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