Cristina Obín: Acomodar en la distancia el amor y la ausencia.

Cristina Obín: Acomodar en la distancia el amor y la ausencia.


Por Enrique Pérez Díaz (Fuente: Cubarte, 2014-01-09)

Para todos los varones de mi generación hubo un ídolo que irrumpió de pronto en las pantallas de aquellos viejos televisores en blanco y negro. Volvía Emilio Salgari en una adaptación de El Capitán Tormenta, uno de los ciclos de aventuras del famoso autor italiano que, como en toda su obra, refleja el drama de un reino usurpado, una venganza interminable y un amor contrariado por el enemigo y la muerte. Debutaba entonces en aquel rol, que unas veces era de hermosa damisela y en otras de un joven y valeroso capitán, un rostro nuevo para nosotros que enseguida se granjeó la admiración de todos: Cristina Obín en su inolvidable Capitán Tormenta.

El capitán Tormenta

Verla montar a caballo, escalar murallas, batirse contra todo el que se opusiera a su sino, ser amada en silencio por un magnífico El Kadur y amar a un casi marmóreo León de Damasco, nos hizo quererla con vehemencia, reproducir sus aventuras en nuestros juegos callejeros y soñar con la corte de Damasco, un país perdido en el tiempo y la geografía de lo fantástico.

Cristina Obín (Capitán Tormenta)

Años después, Cristina siguió asomando su rostro en novelas como la Marisela de Doña Bárbara, Teatros ICR, cuentos —recuerdo uno donde era detenida por esbirros de la tiranía y torturada— y luego desapareció un día sin decirle adiós a su fiel, soñador y joven ejército de voluntarios. Supe que actuaba en otro país. Sin embargo, ya acabando la primera década del dos mil, cuando comencé a trabajar en Gente Nueva, un día alguien me dijo de pronto, con voz de alarma y honda inquietud: “Cristina Obín, pregunta por ti, ten cuidado”. ¿Cuidado de qué?, repliqué presto imaginándome que acaso la suerte me iba a complacer y venía espada en mano como antes, quizás a batirse conmigo. Pero no, la realidad superó cualquier ficción.

Cristina llegaba, como tantos colegas, a traerme sus libros para niños. Ya sabía que mi otrora capitán, hoy una mujer madura, pero tan soñadora y con aquella cautivante voz de siempre, había publicado un hermoso libro dedicado a su nieta… y luego, pues aquí la tengo llamándome cada vez que un nuevo poema le bordea el asombro, o como tímida gacela, emocionada cuando le confirmo que editaremos otro libro suyo, gozosa como niño con juguete nuevo por su ratón troquelado y dispuesta siempre a ir por el mundo, “pescando un sueño” para compartir con los demás.

La vida suele tener encrucijadas bien raras y mi Capitana Tormenta —que jocosamente hoy me llama mi León Alamareño—, siempre sorprende en cada nuevo libro con la gracia de su escritura, su bien amasada ternura en horas de desvelo o ausencia y esa imaginación que la hace tejernos el futuro y la esperanza. Conversar con ella, valiéndome de un cuestionario cuyas respuestas la roban momentáneamente a una telenovela, me la confirman como siempre la imaginé cuando solo era para mí un personaje y no el ser vivo que hoy: una mujer toda sentimiento, vehemencia y pasión por cualquier causa justa, y la infancia es la más difícil y hermosa entre todas, a no dudarlo…

¿Existe para ti una literatura infantil? ¿Una LITERATURA? o simplemente ¿Literatura para personas?

Desde mi corta experiencia en esta “aventura” que me insertó en un mundo nuevo, pienso que: ¡Existe! Está ahí, afortunadamente, desde hace ya bastante tiempo. Hurgando en la sensibilidad y desarrollando la fantasía y la creatividad en ese momento en el que la mano y la palabra son luz y guía. Estar dedicada a los niños, la distingue. Y, aunque desafortunadamente tenga antes que transitar por la elección del adulto, está concebida, con toda intención, en función de esas edades de los que la leen o la escuchan.

¿Qué piensas de la infancia?

Es un período corto y blanco en el que tenemos la responsabilidad de colorear el futuro.

En tu concepto ¿los niños leen hoy día más o menos que antes?

Leen más, a pesar de la competencia tecnológica que los puede tener sublimados. Más, porque han sido herederos de otros padres y de otras circunstancias que cambiaron mucho desde que nací hasta aquí. Más, porque, sin dudas, la política cultural del país definió otro rumbo y marcó un cambio en la dirección y en el acceso a la literatura y la información. Pero se necesita más. Y pienso y sueño con que es necesario valorar la importancia del contacto físico de los autores con los niños en salas de lecturas, rincones de cuentos y versos, espacios en los que ellos, le den vida al autor mientras estos, se la dan a sus textos. Y en ese interactuar crear una magia que despierte el interés por lo que se esconde detrás de las letras que puede ser un maravilloso incentivo para la lectura.

¿Qué piensas del tono que deben tener las historias para niños?

¿Tono? No sé, prefiero dejarles eso a los pintores y/o a los músicos. Pero, si la sinceridad fuera un tono, prefiero ese.

¿Eres tú parecida a alguno de los personajes de tu obra?

Sin dudas, estoy en lo que hago. ¿Cómo no estar? Está ahí, a la vista, mi visión del mundo y del humano que lo habita. Pero estoy de orfebre y no de personaje. Y de eso, me salva la poesía. El verso disimula con sus trampas metafóricas cualquier semejanza. Cualquier personaje en un poema es tan fugaz que no define mi psicología, la sugiere… Eso, pudiera quizá definir… ¿mi estilo? Pero nadie podría, solo por eso, definir cómo soy. Pienso que en la narrativa se hace más evidente que un personaje pueda ser o “tú, o yo”. La poesía me salva.

¿Cómo concibes idealmente a un autor para niños?

Dejando a un lado el “para”. Si escribimos “para” ya eso supone una actitud preconcebida. Un barco sabe a dónde va, pero… ¿sabe un autor a dónde llega un cuento o un poema? Yo escribo “por”, y pensando “en” y por eso intento acercarme a la frecuencia en la que piensan, sienten, se preguntan o imaginan. Intento, apropiarme de esa frescura, para que las palabras, aunque sean puente, pasen por agua. Eso, me aleja del disimulo. Preciso que me disfruten y sobre todo que me entiendan y no de que me reconozcan. Eso me hace fluir con la honestidad que me compromete y la transparencia que me regalan. Es por eso que mi poesía no es del todo mía. Antes, la escribió mi nieta: “Abuela, en tus ojos hay tres Analucías”. Solo que entonces, cuando se vio reflejada por primera vez en mis pupilas, ¡no sabía escribir! Y yo, sí. Escuchar…, escucharlos…, porque son ellos quienes nos la regalan y la hacen. Apropiarse con honestidad de la inocencia, esa que muchas veces ignoramos y en el peor de los casos, olvidamos.

¿Reconoces en tu estilo alguna influencia de autores clásicos o contemporáneos?

Quisiera…, pero todavía no me reconozco ni yo. Y quisiera tanto sentir que lo que admiro a Mirtha, a Excilia, a Eliseo y a tantos otros, estuviera quizá en uno solo de mis versos que, por el riesgo, casi prefiero este anonimato de saberme leída y no evaluada.

¿Qué hizo a una famosa y popular actriz dedicarse un buen día a escribir para la infancia?

Un buen día, la actriz, ni tan popular ni tan famosa, soñó un verso que le dijo a su nieta mientras la dormía…, y ocurrió el milagro. La abuela me superó. Entonces estaba lejos y debía, con urgencia, acomodar en la distancia el amor y la ausencia. Cada pregunta, cada descubrimiento, cada duda, se convertía después en verso. Esa fue, mi manera de cantarle. No tengo una explicación racional para ese, mi tardío debut como otra cosa. Pero, a lo Mercedes Sosa, no puedo menos que darle “Gracias a la vida…” y a todos los que me ayudaron a encerrar mis locuras en un libro e hicieron volar a esos pájaros de papel que alzaron vuelo.

¿Qué tratas de decir en tus libros a los niños?

Todo lo que se me ocurre. Y digo: amor, verdad, universo, lo hermoso, lo feo e intento que me crean y sonrían.

¿Cuáles fueron tus lecturas de niña?

Dato curioso, mi infancia estuvo despoblada de libros. Unos pocos llegaron a mí, casi adolescente, lo que me ha llevado más de una vez a preguntarme: ¿Cómo llegué hasta aquí sin poemas y sin cuentos, sin brujas y sin duendes?

¿Cómo insertas tu obra dentro del panorama actual de la llamada literatura infantil de tu país?

Sé que mis libros están con los niños y eso me hace sentir que estoy. Pero, a pesar de haber llegado tardíamente a esta labor, el estar publicada y el formar parte del catálogo de una editorial como Gente Nueva y Abril, es ya para mí un espléndido panorama. No sé si lo logre en el de la Literatura cubana actual, pudiera resultar demasiado pedir.

¿Qué atributos morales piensas que debe portar consigo un buen libro infantil?

Amor, verdad, esperanza, optimismo.

¿Podrías opinar de la relación autor-editor?

Yo, soy una afortunada desde que mi primer manuscrito llegó a Gente Nueva y encontró a Norma Padilla, la editora de Canciones para contar, mi primer libro. A ella le debo, sin dudas, el impulso para seguir y el estar hoy respondiendo estas preguntas. Ojo de águila que supo ver, detrás de aquel discurso en mayúsculas, un libro que tuvo la suerte de llegar a sus manos. Después, las demás, me han permitido ser y aprender en un diálogo cómodo y fructífero, por demás imprescindible a la hora del pan al horno.

¿Cuál es tu defecto más odiado y cuál tu virtud más apreciada?

¿Defectos? Los odio todos pero, afortunadamente, no los tengo todos, los comparto con mis amigos y eso me alegra y me lleva a pensar que mi mejor virtud es esa, no ser perfecta.

Si tuvieras que salvar solamente diez libros de un naufragio ¿cuáles escogerías? ¿Alguno de los que has escrito?

Tendría que preguntarle a Platero: ¿Tú o yo?


Obras publicadas:

  •     Canciones para contar, Editorial Gente Nueva, La Habana, 2006
  •     Casa de tela, Editorial Gente Nueva, La Habana, 2010
  •     Otro Ratón Pérez, Editorial Gente Nueva, La Habana, 2011
  •     De papel, Editorial El perro y la rana, Venezuela, 2011
  •     Un sombrerito mambí, Ediciones Abril, La Habana, 2013
  •     Desconcierto en el concierto, Editorial Gente Nueva, 2013
  •     Pescando un sueño, Editorial Gente Nueva, La Habana, 2014
  •     Dice la luna, Editorial Oriente, 2015
  •     Granos de arena, Ediciones Matanzas, 2017
  •     La novia de Elpidio, Editorial Cauce, La Habana, 2018
  •     Cuentos Ciertos, Editorial Cauce, 2019

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